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Cuando fijas precios, ¿piensas como emprendedor o como cliente?

Hay un punto del que se habla poco cuando se trata la fijación de precio para un nuevo negocio. No tiene nada que ver con la propuesta de valor, la competencia, los costes o la elasticidad. Es un asunto psicológico. Un sesgo que tiene mucha importancia, porque afecta directamente al emprendedor. Me refiero al error de fijar los precios de tus productos o servicios siguiendo tu mentalidad como cliente, en lugar de hacerlo como un emprendedor que ha estudiado a fondo su público objetivo.

Cobra lo que vales

cobra lo que valesUna de las dudas que tienen muchos emprendedores, especialmente en el sector de las actividades profesionales, es cuánto cobrar por tus servicios o el trabajo realizado. Entre lo que están dispuesto a pagar tus clientes potenciales y lo que crees que vale tu tiempo, puede haber alguna diferencia. Pero, como te voy a explicar a continuación, tienes que cobrar lo que crees que vale tu trabajo. Ser realista y dejar que se aprovechen de ti son dos cosas muy distintas.

¿Qué precio poner a tu producto o servicio?

precio de un producto servicioCuando empiezas tu negocio, uno de los quebraderos de cabeza más habituales es determinar el precio de un producto o servicio. No es fácil encontrar la respuesta adecuada, porque influyen varios factores. Para saber qué precio poner a tu producto, tienes que saber cuánto te cuesta producirlo o comercializarlo. Y, por supuesto, tienes que pensar en el precio que están dispuestos a pagar tus clientes potenciales. Te voy a aportar respuestas para ayudarte a fijar tus tarifas.

No tengas miedo a vender más caro

fijacion de precios

El otro día tuve una interesante charlar con una persona cercana que montó su propio negocio hace unos años. El tema que nos ocupaba la fijación de precios para a tus productos o servicios. Resulta que muchos emprendedores se obsesionan por tener el precio más ajustado posible, incluso cuando su negocio no tiene para nada una filosofía low cost. Pero vender más caro no es siempre malo, ni mucho menos.

Una extrapolación errónea

El miedo a tener precios altos no es algo común a todos los emprendedores. Más bien les suele pasar a aquellos cuya propia lógica de compra consiste en buscar la mejor relación calidad / precio, y no se dejan influir demasiado por el criterio de la imagen o los argumentos que relacionan una mayor calidad con un mayor precio.

Para esas personas, el resto de los consumidores razona igual. Y ese es el error. Para muchísimos consumidores, un producto más caro significa casi automáticamente una mayor calidad, un producto mejor. Quizás la traducción más habitual de este pensamiento sea el refrán “lo barato sale caro”. Aunque el precio y la calidad no siempre van de la mano, es una idea preconcibida muy anclada en la mente de muchas personas, y sería un error no contar con ella.

El ejemplo de la artesana

Una historia real sobre fijación de precios que me contó un compañero consultor me parece muy significativa de la problemática que estoy planteando hoy. Se trata de una artesana que hacía entre otros productos unos zuecos de porcelana. Eran creaciones únicas, y pese a venderlos por unos 100€ la unidad, se encontraba que nadie los quería comprar.

Mi compañero consultor fue a ver a la artesana para ayudarla a enderezar su actividad. Cuando le preguntó a la mujer cuanto tardaba y cuanto gastaba para hacer esos zapatos, le contestó que entre tiempo y materia prima, hacer una porcelana le costaba 50€, por lo que había puesto un precio del doble, para no cobrar más de un 50% de margen, ya que no le parecería justo para el cliente.

El consultor le aconsejó que subiera el precio de sus creaciones hasta los 500€, argumentando de la siguiente manera: “de momento, no vende ninguno, por lo que no pierde nada en ponerlos a la venta por este precio”. Unas semanas más tarde, una lujosa zapatería se llevó varios ejemplares para decorar su vitrina.

En este caso, la artesana no vendía nada porque a los que no tenían mucho dinero, 100€ les parecía extremadamente caro, pero a los que lo tenía les parecía demasiado barato para ser un producto exclusivo. Ocurre muchas veces que una empresa ajuste los precios para atraer a los de presupuestos bajos, cuando en realidad está espantando a los de alto poder adquisitivo.

También en las cremas antiarrugas

crema-antiarrugas Este otro ejemplo lo recuerdo de una clase de marketing en la universidad. Nos contaron como un año, uno de los grandes grupos de cosméticos sacó una crema antiedad bastante más barata que la competencia, pensando arrasar en el mercado. Las cremas de este tipo tienen un coste de fabricación muy bajo, y los márgenes son suculentos, por lo que pensaban que bajar un poco el precio sería muy provechoso.

Sacaron una crema un 20% más barata que la competencia. Fue un fracaso. Las consumidoras asumieron que una diferencia de precio con el resto de marcas implicaba una diferencia de calidad, y no compraron. Resulta curioso darse cuenta que una multinacional pudiese menospreciar el aspecto psicológico de la compra de una crema antiarrugas, cuando se sabe que estos productos casi no tienen resultados perceptibles…

Tu trabajo se merece un precio justo

Igual que cuando buscas un empleo tratas de conseguir un sueldo adaptado a tu valía profesional, cuando creas un producto u servicio tu fijación de precios tiene que tomar en cuenta todo el trabajo que hay detrás del producto. Poner un precio bajo no siempre es efectivo, y en algunos casos equivale a infravalorarte.

No es fácil determinar un precio justo, pero tienes que buscarlo. Como en muchas ocasiones en los negocios, cuando no tienes referencias, te tocará probar con la técnica del ensayo y error. Cuando pongas un precio, pueden ocurrir dos cosas: que vendas o que no vendas.

  • Si vendes, puedes progresivamente intentar aumentar los precios, hasta llegar a un punto donde se empiezan a resentir tus ventas. Es un efecto similar a la curva de Laffer con los impuestos.
  • Si no vendes, tienes que plantearte seriamente el motivo. Quizás no sea el precio, sino la oferta, pero este es otro problema. Respecto al precio, en la mayoría de los casos suele ser porque vendes demasiado caro, pero no siempre. No olvides las historias del zueco de porcelana y la crema antiedad. Si tu producto es exclusivo y no se vende, igual es que tienes que subir el precio. No tengas miedo a probarlo, como diría mi amigo consultor: “si no vendes nada, no pierdes nada en intentarlo”.

 

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Cuando un emprendedor está definiendo los parámetros esenciales de su negocio, en algún momento de la reflexión tiene que preguntarse cual va a ser su posicionamiento en términos de precios. Dentro de su objetivo de llegar a ser rentable, puede plantearse dos escenarios extremos: o vender muy barato y mucho, o vender poco pero con un margen importante, es decir caro. Algunas personas lo han resumido en la frase “los muchos poco o los pocos mucho”. Entre estos extremos, podrá escoger entre una infinidad de posicionamientos, pero casi siempre una de esas dos estrategias tendrá más influencia que la otra.

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