¿Ha llegado el momento de poner un impuesto a los robots?
El modelo tradicional de financiación del Estado se ha centrado principalmente en los salarios. A medida que la inteligencia artificial, la automatización y los robots van cogiendo protagonismo, este modelo tiene que volver a estudiarse. Y cabe preguntarse si ha llegado el momento de poner un impuesto a los robots, es decir más generalmente a la automatización de procesos.
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Graduado de ESSEC en Administración de Empresas, soy un profesional con más de 25 años de experiencia en finanzas empresariales. Tras trabajar una década en varias multinacionales, llevo desde 2010 asesorando a emprendedores en mi consultora. Tengo dos áreas principales de conocimiento. Soy experto en el tema emprendedor, y hablo en particular de ideas de negocio, plan de empresa y gestión. Además, me he ido formando a lo largo de los años sobre SEO, marketing digital y negocios online en general.

A día de hoy, el sistema de retención de IRPF a los autónomos tiene dos inconvenientes importantes. Por un lado, perjudica mucho a los profesionales que tienen una facturación y unos ingresos bajos, aplicándoles una retención muy por encima de lo que les toca pagar finalmente en la declaración de la renta. Por el otro lado, los autónomos con ingresos altos pagan poco IRPF y se encuentran con que tienen que pagar un ajuste muy grande cuando llega la campaña de la renta.
En las últimas semanas, el tema del pago del impuesto sobre las hipotecas ha copado las portadas. Unos pedían que los siguieran pagando los clientes, otros abogaban que lo abonasen los bancos (incluso retroactivamente), y muchos decían que daba igual, porque al final el coste siempre se iba a trasladar al cliente. ¿Es eso cierto? Me ha parecido interesante reflexionar sobre los impuestos y el precio de los servicios.
En mi vida personal y profesional, he tenido que lidiar muchas veces con la burocracia de las administraciones públicas, tanto en Francia como en España. Tuve que aguantar las frustraciones de los procesos de extranjería. Asistí, incrédulo, a un proceso de canje de carné de conducir que duró dos años. 