Optimización fiscal en la empresa: como pagar solo los impuestos que tocan

optimización fiscalPagar impuestos es una obligación legal y también un compromiso ético. Pero la complejidad de la normativa hace que no haya una opción única de tributación. La empresa, lógicamente, tiene el derecho de buscar la mayor eficiencia posible en el pago de sus impuestos. De allí que la optimización fiscal sea un elemento que hay que tener muy en cuenta en los negocios. Vamos a ver unos ejemplos y subrayar la importancia de esa materia.

¿Por qué es tan importante la optimización fiscal?

Para hacer una misma operación empresarial, a menudo se tiene la posibilidad de elegir entre diversas opciones, cada una tan legal como la anterior, pero que tienen unos impactos fiscales muy diferentes. Eso se debe a que la normativa fiscal es tan compleja y amplia que, muchas veces, cada opción operativa está sujeta a un tipo de tributación particular. Lógicamente, y puesto que el impacto económico de optar por una opción en lugar de otra puede ser significativo, la empresa tiene que buscar la forma más óptima de actuar.

No siempre se elegirá la operativa que implica pagar menos impuestos, porque influyen otros factores prácticos. Pero, desde luego, es fundamental tener claro cuáles son las opciones y sus ventajas y desventajas a todos los niveles.

La necesidad de contar con expertos formados

Lo hemos comentado antes, la normativa es extensa y compleja. Y no solo eso, sino que se actualiza constantemente, al ritmo de las nuevas leyes aprobadas por el parlamento. Por eso, es fundamental poder contar con expertos, personas que han cursado un máster de asesoría fiscal de empresas o una formación similar. Profesionales que, dentro de la plantilla de la empresa o desde el asesoramiento externo, serán capaces de orientar al empresario para que tome las mejores decisiones de optimización fiscal, dentro de su estrategia de negocio.

Algunos ejemplos de optimización fiscal en la empresa

Podríamos escribir un post muy largo sobre todas las posibles deducciones fiscales o las mejores operativas para minimizar el pago de impuestos. Pero no acabaríamos nunca y muchas secciones del artículo se quedarían desfasadas al poco tiempo. Por eso, creo que es mejor dar algunos ejemplos representativos de la optimización fiscal en los negocios.

El tratamiento de las inversiones y de las amortizaciones

Cuando la empresa compra un activo, Hacienda deja un margen bastante amplio para amortizarlo. Por ejemplo, si se compra un vehículo, se puede elegir amortizarlo en un poco más de 6 años (máximo 16% anual) o, al contrario, usar un periodo de amortización de 14 años como máximo. La empresa que quiera minimizar sus beneficios para pagar menos impuestos aplicará el porcentaje máximo. Si, al contrario, se prefiere poder deducir la amortización a más largo plazo, se aplicará un porcentaje más pequeño.

Obviamente, la autoridad fiscal pide coherencia. No se puede ir cambiando de criterio cada año, o usar porcentajes diferentes para bienes similares. Pero hay muchas otras normas que permiten acelerar la amortización en algunos casos, y es importante conocerlas.

Y, si en lugar de adquirir el bien y amortizarlo, se opta por un sistema de arrendamiento financiero, usando un banco o financiera, entonces ya no existen los límites de las tablas de amortización. Se contabilizan los alquileres como los factura la financiera, y son deducibles.

Pagar el IVA de una vez o a plazos

Siguiendo con el ejemplo anterior, cuando una empresa compra un activo, además de abonar el coste del mismo, también paga, de golpe, una gran cantidad de IVA. Optando por sistemas de renting, se evita tener que desembolsar el IVA en una sola vez, ya que el proveedor lo incluye en cada factura mensual. Esa optimización fiscal permite aliviar la situación de tesorería del negocio.

La optimización fiscal y la elección de la forma jurídica

Otro ejemplo clásico que tiene un impacto muy notable en el pago de impuestos es la elección de la forma jurídica. Un autónomo tributa en el IRPF (impuesto sobre la renta), mientras una sociedad hace lo propio en el IS (impuesto de sociedades). Pasado cierto nivel de beneficios, el IRPF que paga el negocio en el régimen de autónomos es muy superior a lo que pagaría una sociedad. Y compensa constituir una SL.

¡Ojo! Hablamos de negocios cuyos ingresos no dependen exclusivamente de una persona. Todos conocemos muchos casos de famosos del sector audiovisual o del deporte que crearon sociedades para pagar menos impuestos, pero fueron condenados por fraude fiscal, porque deberían haber pagado el IRPF. Pero hay muchos negocios en los que valorar si es mejor autónomo o sociedad es un análisis válido.

Las pérdidas de ejercicios anteriores

En este caso, no se trata de elegir, simplemente de conocer las posibilidades de la ley. Muchos negocios acumulan pérdidas durante los primeros años. A veces, los emprendedores desconocen que esos resultados se pueden compensar con beneficios futuros para no tener que pagar impuestos. A todos los efectos es un crédito de impuestos.

Adquisiciones de otros negocios

Recuerdo cuando, en una de las empresas en las que trabajé, tuvimos que decidir como absorber una sociedad del grupo. Había varias opciones, de las cuáles recuerdo dos. Se podía optar por comprar las acciones de la empresa, o se podía adquirir el fondo de negocio de la misma.

No recuerdo los detalles, y puede incluso que, desde entonces, la ley haya cambiado. Pero elegir una opción u otra implicaba una diferencia tremenda en términos de pago de impuestos. Y, estábamos hablando de una operación que era meramente organizativa. Por lo tanto, cualquier impuesto que se pagara era un coste adicional y la prioridad era minimizar ese coste.

 

¿Tienes ejemplos interesantes de optimización fiscal? No dudes en compartirlos en los comentarios.

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