De vez en cuando me gusta crear pequeños cuentos y fábulas que tengan sus interpretaciones empresariales. En esta ocasión, vamos a ver la historia de dos hermanos que montaron sus propias tabernas, y tomaron decisiones distintas. Luego comentaré la moraleja, en mi opinión.
Las dos tabernas
Érase una vez dos hermanos que habían tenido que marcharse de su región. Ambos tenían experiencia tras unos años trabajando en la taberna del padre, y ambos disponían de un dinero que los había dejado el patriarca. Pensaron en abrir una taberna entre los dos, pero, como no se ponían de acuerdo, decidieron que cada uno abriría la suya propia, en dos aldeas muy cercanas.
El mayor de los hermanos fue el primero en encontrar un local, y pronto acudieron vecinos de la zona a proponer sus servicios. Entre ellos, una cocinera que venía de haber trabajado en una taberna muy conocida de la capital. El futuro tabernero estuvo tentado de contratarla, pero pedía un salario más alto que los demás, y optó por un cocinero joven que estaba encantado de tener su primera oportunidad. Para el resto de los trabajos también eligió los que aceptaban la paga mínima.
El hermano más joven tardó unos días más en establecerse. Cuando se supo que contrataba, nuevamente muchos vecinos se desplazaron a la taberna. La cocinera de la capital también vino. Seguía pidiendo una paga superior a la media. Pero el menor de los hermanos no la descartó. Le ofreció que preparase una comida, pagándola por las molestias. La cocinera aceptó. Muy convencido por el buen sabor de los platos, el hermano más joven la contrató. Para la sala, optó por una mezcla de experiencia y juventud, con un camarero veterano más caro, y un joven dispuesto a aprender.
Los dos negocios empezaron con pocas semanas de diferencia. La primera taberna ofrecía precios ligeramente más bajos que la segunda. Al principio, también conseguía más clientes.
Pero, poco a poco, se corrió la voz de que la comida en la segunda taberna tenía un sabor espectacular. Los comensales pronto escogieron pagar un poco más por la comida, y el éxito de la taberna se consolidó en el tiempo, mientras la primera funcionaba más discretamente.
Moraleja: rodéate de talento
El mayor capital de una empresa es el equipo humano. Eso tiene muchas implicaciones. Una de las más importantes es elegir a los mejores en sus puestos. No te conformes con los perfiles más baratos. Y que no te de miedo que te hagan sombra las personas con más talento. Lo importante es el éxito del negocio, y eso pasa por tener el mejor equipo.
Al final, llevar un negocio es resolver multitudes de pequeños problemas cada día, ofrecer la mejor calidad posible a los clientes, y hacerlo mejor que la competencia. Para todo eso, necesita a las personas más competentes en cada empleo. Por eso es tan importante hacer bien la selección de personal, basándote en el perfil y el potencial de cada persona, más que en criterios como la amistad y el parentesco o el sueldo de cada trabajador.
No te digo que vayas a contratar un chef con tres estrellas Michelin para tu restaurante de barrio, ni el ingeniero jefe de Google para desarrollar tu web, pero tampoco deberías conformarte con lo más fácil o lo más barato. Escoger a los mejores es una inversión muy rentable a largo plazo.
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Graduado de ESSEC en Administración de Empresas, soy un profesional con más de 25 años de experiencia en finanzas empresariales. Tras trabajar una década en varias multinacionales, llevo desde 2010 asesorando a emprendedores en mi consultora. Tengo dos áreas principales de conocimiento. Soy experto en el tema emprendedor, y hablo en particular de ideas de negocio, plan de empresa y gestión. Además, me he ido formando a lo largo de los años sobre SEO, marketing digital y negocios online en general.
