El loro sabio que no sabía volar: fábula inspiradora

el loro sabio que no sabía volarVamos a ver otro cuento inspirador para emprendedores. En esta ocasión, el protagonista es un loro muy sabio. Quédate hasta el final para la moraleja, porque este loro sabio que no sabía volar puede enseñarte algunas cosas.

El loro sabio que no podía volar

El aprendizaje

Érase una vez un loro que, siendo todavía un polluelo, había sido regalado a un príncipe muy estudioso. El mandatario se encaprichó con el animal, y, sabedor de las capacidades de los loros para aprender trucos, se dedicó a enseñarle de todo.

No se limitó a hacerle hablar o resolver rompecabezas. Cuando vio la inteligencia del animal, le enseño a leer, las matemáticas, la física, y muchas otras materias. El príncipe era el hermano menor del rey, y nunca había sentido interés por otra cosa que los libros y el estudio. Estaba encantado de tener un aprendiz tan dedicado.

Los caminos se separan

El príncipe era mayor, y tras unos años, sintió que su hora llegaba. Reflexionó sobre su vida, y, pese a su amor por el saber, le entró una angustia. ¿Y sí hubiese malgastado su tiempo con los libros? ¿Qué cosas se había perdido en la vida?

Miró la jaula de su pequeño compañero. Se levantó, y abrió el ventanal que daba a lo jardines. Luego volvió hacia el loro, y quitó el cerrojo que impedía que la jaula se pudiese abrir desde dentro. Miró al pájaro y le dijo: “puedes salir”.

El animal empujo la puerta y se asomó a la habitación. No era la primera vez que el príncipe le permitía salir de la jaula. Pero, enseguida notó una diferencia. El ventanal estaba abierto.

El príncipe le dijo. “Te he enseñado todo lo que se podía aprender de los libros. Ahora, no quiero que malgastes tu vida. Te devuelvo tu libertad. Sal al mundo, explora, conoce a tus congéneres, y disfruta de la vida.”

El loro protestó, no quería dejar a su amo. Pero el príncipe le hizo entender que su hora estaba llegando, y que no quería que su fiel amigo se quedase. Le señaló el jardín. El loro, un poco apesadumbrado, salió con miedo, dando saltos hacia afuera.

 El loro salvaje

Tras observar maravillado las múltiples flores que crecían en el jardín, la mirada del loro se encontró con un árbol. Tenía un tronco un poco curvado, así que no le costó ir ascendiendo, saltando de rama en rama, hasta llegar a lo más alto.

Desde allí se podía apreciar el palacio del Príncipe, los jardines, el gran bosque que los lindaba. Se quedó mirando un buen rato, disfrutando de la vista, y contrastando cada especie vegetal con los libros de botánica que su excelente memoria había almacenado.

Estaba inmerso en sus pensamientos, cuando a su lado se posó otro loro. Era un animal salvaje, que vivía en el bosque vecino. Enseguida se pusieron a charlar, y nuestro loro explicó cuál había sido su vida de aprendizaje y conocimientos.

“No me preocupa la vida salvaje”, dijo a su interlocutor. “Aprendí todo lo necesario sobre las fuentes de alimentación de nuestra especie”. El loro salvaje escuchó con paciencia las explicaciones del erudito. Era un poco cansino, pero se lo perdonaba, tenía que sentirse muy solo tras pasar tantos años en una jaula.

Un nuevo invitado

Mientras hablaba el loro sabio, su compañero salvaje notó unos movimientos en el tronco del árbol. Un gato estaba trepando sigilosamente hacia ellos. Interrumpió al hablador.

“Perdona. ¿Sabes volar?”

El sabio le miró, y enseguida se puso a teorizar sobre el empuje, la velocidad, las corrientes de aire ascendientes… el otro le cortó.

“No me refiero a si sabes la física del vuelo. Te pregunto si sabes volar.”

El loro erudito pareció avergonzado cuando confesó:

“No, mi amo nunca me enseñó. No sé volar.”

“En este caso, te deseo mucha suerte.” El pájaro salvaje, que notaba que el gato se acercaba, emprendió el vuelo sin demora.

Moraleja del loro sabio que no sabía volar

El cuento no dice si el loro erudito consiguió salvarse del gato. Quizás logró saltar lejos de su alcance y ponerse a salvo. Quizás no lo logró.

Pero no importa realmente el desenlace. La moraleja de esa fábula del loro sabio es que, a pesar de todos sus conocimientos, le faltaba lo más básico para un pájaro: no sabía volar.

Vivimos en una sociedad donde hay mucha información. Demasiada. Y esa sobre información, a menudo nos impide ver qué es lo realmente importante. Para un emprendedor, eso se traduce en perder el tiempo y los recursos en múltiples actividades que quizás tengan cierto interés, pero que no son lo importante.

Aprender es fundamental para emprender. Pero, todavía más crucial es elegir correctamente los conocimientos y habilidades que deberías adquirir. Por poner un ejemplo, en algunas actividades, puedes ser el mejor gestor del mundo, pero si no sabes vender, no tendrás nada para gestionar.

Así que, no te equivoques. Determina lo que es realmente importante, y apréndelo. Cuando lo sepas, podrás ampliar tus conocimientos con otras cosas. Pero un pájaro necesita saber volar.

 

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