La fábula del buscador de oro

fábula del buscador de oro cuentoComparto con vosotros una nueva historia corta, de creación propia, destinada a ilustrar una idea importante para los emprendedores. ¡Quédate hasta la moraleja! He llamado este cuento la fábula del buscador de oro. Es un relato muy sencillo, incluso se podría decir que simple. Pero creo que cumple con su propósito.

La fábula del buscador de oro

Érase una vez un hombre que no sabía muy bien qué hacer con su vida. Los trabajos que le proponían eran duros y mal pagados, y no le gustaba tener jefes, así que los empleos le duraban poco.

El anciano

Un día, conoció a un hombre mayor, que acababa de establecerse en la ciudad, y le había contratado para hacer algunos arreglos en casa. El anciano se amistó con el joven, en él que reconocía muchos de sus propios rasgos de personalidad.

Un día le dijo:

“Amigo mío, creo que no estás hecho para trabajar para los demás. Te confiaré un secreto. No soy muy rico, pero puedo vivir sin preocupaciones gracias a mi patrimonio. Nací pobre. Iba de trabajo en trabajo como tú. Hasta que un día, me hablaron de la posibilidad de encontrar oro. Me informé, estuve mucho tiempo buscando, y al final encontré un pequeño yacimiento. Fue duro, pero logré colectar una cantidad de oro suficiente. Invertí con prudencia, y he podido vivir de este patrimonio desde entonces.

Todavía queda mucho oro por descubrir en las tierras sin explorar del sur. Quizás podrías probar suerte. Veo que eres capaz de trabajar duro si te le propones. Y serás tu propio jefe.

Como te considero un amigo, hasta te podría prestar el dinero suficiente para comprar equipos y suministros. Allí hay mucha vida salvaje. Podrás cazar y vivir de la tierra mientras buscas.”

El hombre escuchó con atención, y le pidió al anciano unos días para pensárselo. En las semanas siguientes, hablaron en detalle de la vida de un buscador de oro, de la dificultad del trabajo, de las técnicas de excavación, de la soledad, y mucho más.

Finalmente, el hombre se convenció de que buscar oro podría ser el camino que tenía que tomar. Sabía que no había ninguna garantía de éxito, pero las oportunidades estaban allí, y el anciano era la prueba de ello. Tras aprender todo lo posible, aceptó el préstamo de su amigo, compró materiales, y se adentró en las zonas inexploradas del sur.

La búsqueda

Con los elementos de geología que le había enseñado el anciano, el hombre fue buscando una zona montañosa que pudiera ser propicia. De forma metódica, iba sacando muestras del fondo de los ríos aledaños. Pasaron varias semanas, y no encontraba ni rastro de oro. Pero no se preocupaba. Su amigo le había explicado que podía tardar mucho en hacer un descubrimiento.

Después de unos meses, sin embargo, estaba a punto de abandonar la zona, porque no había encontrado nada. No obstante, casi de casualidad descubrió un pequeño arroyo en una zona que había visitado poco. Tomó una muestra por inercia, pensando que sería otro fracaso. Pero no lo fue. ¡Allí había oro! En cantidades muy pequeñas, pero era buena señal.

Las semanas siguientes el hombre fue efectuando muchas pruebas, para identificar donde podría encontrarse el yacimiento. Cuando pensó haber determinado el punto propicio, se dispuso a cavar dentro de la montaña.

El trabajo

Era una labor muy dura, sobre todo para una persona sola. Tenía que cavar, retirar la tierra, picar rocas, y, sobre todo, ir asegurando la mina que iba creando. Eso le obligaba a cortar árboles en un bosque cercano, y preparar unas vigas, para luego apuntalar su excavación.

Encontró un poco de oro, en cantidades muy pequeñas. Pero, parecía que cada vez que avanzaba con mayor profundidad en la montaña, esas cantidades eran mayores. Aunque el valor de lo que había descubierto era insuficiente para devolver el dinero prestado por el anciano.

Pasaban los meses, y el oro recogido crecía muy lentamente. El hombre estaba cada vez más cansado y desanimado. Como había cortado los árboles más cercanos a su campamento, tenía que irse cada vez más lejos a buscar vigas. Y cazar se estaba haciendo complicado. Los animales se habían vuelto más esquivos. O quizás había matado demasiados en la zona. Buscar comida era ya casi una odisea.

El hallazgo

El hombre pensó que había invertido mucho tiempo y esfuerzo en el proyecto. Las cantidades de oro encontradas eran escasas, pero parecían ir creciendo a medida que se adentraba en la montaña. Decidió echar un último esfuerzo para llegar al ansiado yacimiento. Durante un mes, trabajó casi sin descanso. Pero apenas encontró un poco más de oro que de costumbre.

Miró todo lo que había conseguido en el año que llevaba trabajando en la mina. Pesó el oro, y calculó que tendría justo lo suficiente para devolver el préstamo a su amigo. Recogió sus pertenencias, y emprendió el camino de regreso.

Pasaron unos meses. Había vuelto a los trabajos temporales en la misma ciudad. Un día, estaba descansando, leyendo el periódico, cuando una pequeña noticia le llamó la atención:

“Campesino se hace rico tras encontrar una mina de oro abandonada”

El campesino la había encontrado de casualidad. Solo por probar, había ido por herramientas, y a los dos días apareció un yacimiento. No era una fortuna, pero era suficiente para vivir toda la vida sin trabajar.

El hombre dejó caer el periódico. En el artículo venía la ubicación del hallazgo. ¡Era su mina! No podía creer su mala suerte.

Moraleja de la fábula del buscador de oro

Esa historia ilustra una frase muy famosa de Thomas Edison: “Muchos de los fracasos de la vida son de personas que no se dieron cuenta cuán cerca estaban del éxito cuando se dieron por vencidas.”

Perseverar es muy importante para un emprendedor. Lo complicado es identificar si merece la pena seguir o no. Nunca vas a saberlo a ciencia cierta. En este caso, el buscador de oro tenía motivos para seguir, porque encontraba cada vez más oro. Pero también tenía motivos para dejarlo, porque las cantidades encontradas eran muy pequeñas. Podría haber pasado que simplemente no hubiera un yacimiento interesante.

Quizás su error fue abandonar antes de comprobar si las cantidades extraídas seguían aumentando o si, al contrario, empezaban a bajar más adelante. Lo dejó un poco pronto, aunque es fácil juzgarlo desde fuera. En la misma situación, muchos hubiéramos abandonado antes que el protagonista de la historia.

Si un día te sientes desanimado, valora tus logros. Si piensas que las cosas van en buen camino, quizás merezca la pena seguir un poquito más. El yacimiento puede estar más cerca de lo que piensas.

 

¿Te gustó mi fábula del buscador de oro? Si quieres que prepare más cuentos cortos como este, dímelo en los comentarios.

1 comentario en “La fábula del buscador de oro”

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