La burbuja de las licencias de taxi

El tema del taxi es de rigorosa actualidad, pero a veces la información al respecto es muy parcial y poco objetiva. Para arrojar algo de luz sobre este espinoso asunto, me ha parecido interesante citar algunos datos procedentes de un informe de la CNMC. Ayudan a entender mejor la magnitud de la burbuja de las licencias de taxi, sus causas, y sus consecuencias sobre las exigencias de los taxistas.

Unos datos objetivos sobre el sector

Acabo de leer un artículo antiguo interesante de El Economista, que citaba un informe de la Comisión Nacional de los Mercados y  la Competencia. En este informe nos enseña varias cosas interesantes sobre el conflicto del taxi en Barcelona.

  • Entre 1982 y 2016, el número de licencias de taxi en el Área Metropolitana de Barcelona ha bajado alrededor del 5% (de más de 11.000 licencias a 10.500). Mientras tanto, es cierto que la población del AMB no ha crecido mucho (de 3,1 millones a 3,2 millones entre 1981 y 2012), pero la población de Cataluña creció más del 30% y los movimientos de personas crecieron aún más. Solo a título de ejemplo, entre 1990 y 2017 el número de pasajeros que pasaron por El Prat creció de 9,2 a 47,3 millones (se ha multiplicado por 5).
  • En 2016, el precio medio de venta entre particulares de una licencia de taxi era de 131.000€ aproximadamente en Barcelona, mucho menos que en San Sebastián (220.000€) y algo menos que en Madrid (142.000€). Las licencias nuevas, que casi no se emiten, cuestan unos pocos cientos de euros (tasas de los ayuntamientos). Es decir, que el mercado de reventa es un tema privado.
  • La CNMC calcula que en el AMB, las 10.523 licencias de taxi facturaron unos 470 millones de euros en 2016, es decir una media de más de 44.000€ por taxi.
  • Entre 1987 y 2016, el valor de una licencia de taxi en el mercado secundario ha aumentado un 504%, más del doble del crecimiento del IBEX.

¿Por qué son tan caras las licencias?

  • Cada ciudad emite un número de licencias limitado. Prácticamente no salen nuevas licencias al mercado. Cuando lo hacen, cuestan poco dinero. La CNMC coge el ejemplo de Córdoba, que emitió nuevas licencias en 2012 por 400€, y ese mismo año en el mercado de reventa las licencias se intercambiaban entre particulares por más de 100.000€.
  • Como el número de licencias es regulado, aquellos que quieren entrar en el mercado tienen que comprar la licencia a un taxista que se jubila. Como hay mucha demanda y poca oferta, el precio sube.
  • Ya, una vez que un taxista ha comprado a otro particular una licencia a un precio elevado, evidentemente no tiene ningún interés a que el ayuntamiento emita nuevos permisos, y junto a sus compañeros taxistas, manifiesta su desacuerdo cada vez que hay un movimiento en este sentido.

¿Quién es el mayor perjudicado por la burbuja de las licencias?

No, no es el taxista. Es el consumidor. Antes de leer el informe de la CNMC pensaba que este sobrecoste en la licencia perjudicaba a los nuevos taxistas (porque las tarifas son reglamentadas), pero resulta que uno de los elementos del cálculo de las tarifas oficiales son los propios costes de los taxistas, por lo que los efectos de la burbuja se repercutan al cliente final.

Cito el informe:

El precio tan elevado que alcanza una licencia de taxi genera distintos efectos (OCDE, 2007; OFT 2003; PC, 1999). En primer lugar, aumentan los costes del servicio de taxi. En segundo lugar, este aumento en los costes aumenta el precio de los servicios de taxi, ya que las tarifas del taxi se regulan partiendo de los costes medios y en un marco de regulación de precios que intenta asegurar una rentabilidad al taxista (un marco de coste plus). Los aumentos en el coste por el valor creciente de las licencias se trasladan a las tarifas. De hecho, esto desencadena nuevos aumentos en el valor de las licencias – el mercado incorpora ese aumento en las tarifas – que vuelve a generar presiones por parte de los operadores para incorporar dicho aumento a las tarifas (OCDE, 2007).

El taxista, que siempre avanza el argumento de que la licencia le ha costado mucho dinero, en realidad recupera el dinero invertido a la larga, mediante el aumento paulatino de tarifas por el incremento de costes. Quien lo paga es el consumidor. Según la CNMC el sobrecoste para los consumidores es aproximadamente del 12%.

¿Por qué se oponen a los nuevos operadores?

Porque en los hechos, que aparezcan operadores como Cabify o Uber es lo mismo que si los ayuntamientos emitiesen nuevas licencias municipales. Eso no solo afecta la facturación del sector, sino que resta valor a las licencias compradas en el mercado secundario.

La falacia del coste de la licencia

El argumento estrella de los taxistas es decir que no hay seguridad jurídica si se les permite a nuevos actores entrar en el mercado del transporte de personas con costes mucho más bajos a los de los taxistas, porque esos actores no han tenido que comprar una licencia tan cara.

Muchas personas se creen este argumento, pero en realidad es una falacia. Sería  un razonamiento justo si los 131.000€ que cuesta una licencia en Barcelona se hubiesen pagado al ayuntamiento. Pero se pagaron a un particular. Es un mercado libre. Cada uno decide si comprar o no.  Si piensas que el número de licencias nunca va a aumentar y que no vas a tener competencia nunca, allá tú, pero es tu creencia personal.

Es lo mismo que cuando una persona compraba una casa en 2007 por 300.000€ pensando que “subir más, no van a subir los precios de la vivienda, pero bajar nunca van a bajar”. Unos años después, a lo mejor esta misma casa se vendía por 150.000€. ¿También la culpa era de la inseguridad jurídica?

Si compras el fondo de comercio de una panadería en una calle muy cotizada por una cantidad muy elevada, porque el negocio traspasado va muy bien, y a los pocos meses abren un Panaria y un Granier en la misma acera, tu fondo de comercio se va al traste. ¿La culpa es del ayuntamiento?

El problema de fondo es que los taxistas han estado tantos años en un sistema protegido (igual que ocurre con otros sectores regulados) que no aceptan que crearon entre todos una burbuja de licencias. Una licencia no debería valer nada. No tiene sentido. El número de taxistas debería ser libre, y variar en función de la oferta y la demanda. La administración solo tiene que asegurar que se cumplen elementos básicos (capacidad del conductor, seguridad, precios justos).

Eso también implica que los taxistas y los nuevos competidores deberían tener las mismas reglas del juego. Por ejemplo, si Uber o Cabify pueden subir sus precios en momentos de alta demanda, es lógico pensar que habría que liberalizar el precio de los taxistas. Eso sí, la administración deberá siempre tener en marcha herramientas para evitar los abusos, como ya ocurre ahora.

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antoine 80
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