En los muchos años que llevo ayudando a emprendedores a diseñar sus planes de empresa, he visto pasar todo tipo de proyectos. A veces se trata de negocios autofinanciados, en los que el promotor solo quiere comprobar la viabilidad de su empresa. Otras muchas, la voluntad de preparar un plan de negocio viene principalmente motivada por la necesidad de tener que solicitar financiación, es decir de emprender con dinero ajeno, al menos en parte. ¿Es eso buena idea? ¿O tiene más sentido contar con recursos propios?
Es un tema complejo, así que déjame que lo veamos desde distintos ángulos.
¿Qué opciones hay para emprender con dinero ajeno?
Simplificando, puedes contar con un préstamo, o con una participación al capital de tu empresa.
En el caso del préstamo, tendrás que pagar unos intereses y devolver el principal.
Si optas por colaborar con socios inversores, no solo van a esperar cobrar parte de los beneficios del negocio. También querrán, como es lógico, poder decidir sobre las estrategias que pongas en marcha.
¿Qué ganas si te financias con recursos externos?
Dos cosas, principalmente.
- Primero, es bastante habitual que un emprendedor simplemente no disponga del capital suficiente para iniciar el proyecto de negocio que tiene en mente. Acceder a recursos externos permite aumentar tus recursos.
- La segunda ventaja es que arriesgas dinero ajeno, por lo que, si las cosas no salen bien, no te afectará tanto al nivel personal.
¿Existe alguna ventaja en poner tu propio dinero?
Claro, y de hecho es una doble ventaja.
- Eres la única persona con voz y voto sobre la dirección estratégica de tu negocio.
- Además, no tienes que compartir los beneficios con nadie, ni pagarás intereses, por lo que te quedas con una mayor parte del pastel.
¿Cuál sería una situación ideal teórica para un emprendedor?
Sin duda, poder conseguir una gran cantidad de dinero externo sin que suponga perder mucho control sobre el proyecto ni sus futuros beneficios. Por ejemplo, que unos socios aporten fondos muy significativos, pero quedándose con una porción minoritaria del capital de la empresa.
Obviamente, esa situación idílica no es muy realista. Puede suceder en algunos casos, que comentaré más adelante, pero son muy poco frecuentes.
¿Por qué no suele funcionar? Vamos a ver.
- Le estás pidiendo a tu socio que asuma un riesgo financiero mucho mayor al tuyo, porque ya hemos quedado en que tú no puedes o quieres aportar mucho dinero.
- Sí las cosas salen bien, te quedas tú con la mayor parte del beneficio.
¿Y qué aportas tú? Si es solo una idea de negocio, lo siento, pero a la mayoría de los inversores serios no les va a bastar. Si es un conocimiento, un saber hacer, una tecnología o algo parecido, la cosa cambia, pero van a pedirte pruebas del potencial del negocio.
En otras palabras, no vale con tener la patente de un producto revolucionario o el proyecto de una plataforma digital disruptiva. Hace falta tener pruebas de que tienen tracción, es decir que hay, sino ventas, al menos usuarios.
Si no puedes aportar algo con mucho valor, y que ese valor se pueda demostrar, entonces tus socios potenciales pensarán que solo quieres disparar pólvora del rey.
¿Has dicho que a veces funciona?
Todos conocemos ejemplos de rondas de financiación de startups en las que inversores profesionales y empresas de capital riesgo han invertido muchísimo dinero, sin que por eso los fundadores hayan perdido el control de su negocio.
Pero en la inmensa mayoría de esos casos, ya existía un producto o servicio con tracción. Solamente en una parte muy pequeña de esos casos, que de por sí ya son poco frecuentes, los inversores confiaron únicamente a partir de una idea. Incluso en un caso tan famoso como Theranos, los inversores fueron engañados: se les presentó resultados prometedores, cuando en realidad la máquina no funcionaba.
¿Por qué tampoco es ideal invertir solo tu propio dinero?
A pesar de que invertir capital propio te permita mantener el control de tu negocio y evitar el pago de intereses, tiene grandes limitaciones.
No metas todos los huevos en la misma cesta
Está muy bien creer en tu proyecto, pero nunca viene mal usar el sentido común y un poco de prudencia. Si inviertes mucho de lo que tienes en tu negocio, y al final las cosas no salen bien, te puedes encontrar en una situación financiera complicada. No es lo mismo que invertir “solo” tu tiempo.
Cuando hablamos de inversión, la diversificación siempre es una opción recomendada. Como principio, deberías dedicar al menos una parte de tu patrimonio a otras opciones de inversión.
Puedes perder oportunidades de crecimiento
Si eres el único inversor, y salvo que hayas heredado una fortuna, tus medios económicos van a ser limitados. Lo que significa que te verás obligado a renunciar a muchas oportunidades de crecimiento para tu negocio, simplemente porque no dispondrás del dinero para financiarlas.
Eso hace que muchos negocios pequeños apenas crezcan. Al tener poco capital invertido, los resultados pueden tardar en concretarse. Cuando finalmente llegan, y después de pagarle un sueldo al emprendedor, queda poco dinero para invertir en crecimiento.
No sucede con todos los negocios, pero es bastante frecuente.
Algunos casos reales que he vivido
Antes de hablarte de lo que considero la mejor forma de financiar un proyecto, quería comentarte algunos casos extremos que he vivido personalmente.
Como decía antes, he visto muchos proyectos de negocio. En unos casos pocos frecuentes me llegan los que llamo “proyectos de soñadores”.
¿Qué suele pasar? Una persona tiene una idea de negocio que no guarda ninguna relación con su experiencia previa. Esa persona se convence de que podría llevarla a cabo. Pero hay un problema. El proyecto requiere una inversión muy consecuente, y la persona no tiene dinero.
¿La solución? Preparar un plan de empresa para convencer a inversores potenciales.
Más de una vez han llegado a mis manos proyectos en los que la financiación necesaria era de varios millones de euros, el emprendedor no aportaba nada de dinero, y tampoco podía argumentar tener un saber hacer, un conocimiento, una patente, o algo que se pudiese valorar más allá de haber tenido la idea. Incluso, en alguna ocasión me dijeron que no disponían de dinero para pagar el plan de empresa, y me ofrecieron una participación en el proyecto.
Ya puedes imaginar el futuro que tuvieron aquellos proyectos.
Encontrar el balance ideal entre aportación propia y dinero ajeno para emprender
Si tienes un proyecto emprendedor, creo que es buena idea que aportes una parte del capital necesario. Eso demuestra compromiso, que estás dispuesto a arriesgar parte de tu patrimonio, y que crees en el proyecto. Los demás tendrán más motivación para prestarte dinero o entrar al capital de tu empresa si saben que tú también pierdes si las cosas no salen bien.
Porque, evidentemente, me parece buena idea contar con dinero ajeno. Disponer de más capital, o de un préstamo, te permite ser más ambicioso en tus objetivos. No se trata, lógicamente, de despilfarrar el dinero que te vayan a prestar. Tendrás que gastar cada euro como si fuera el tuyo. Pero te permite invertir, aunque sea en una campaña de publicidad para dar a conocer tu proyecto una vez lo hayas lanzado.
¿Y qué proporción debería haber entre aportación propia y dinero ajeno? Depende de cada proyecto. Depende de las oportunidades de financiación que tengas a tu disposición. Depende de tus prioridades personales y de los requisitos de los que te financian. Idealmente, como ya dijimos, te interesaría aportar lo mínimo y conseguir un máximo. Pero tus socios querrán lo contrario, así que deberás encontrar el punto de equilibrio donde todo el mundo sale satisfecho.
Graduado de ESSEC en Administración de Empresas, soy un profesional con más de 25 años de experiencia en finanzas empresariales. Tras trabajar una década en varias multinacionales, llevo desde 2010 asesorando a emprendedores en mi consultora. Tengo dos áreas principales de conocimiento. Soy experto en el tema emprendedor, y hablo en particular de ideas de negocio, plan de empresa y gestión. Además, me he ido formando a lo largo de los años sobre SEO, marketing digital y negocios online en general.
