Más vale una retirada a tiempo, o como cortar pérdidas

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Seguro que muchos conocéis la celebre frase del refranero español más vale una retirada a tiempo que una batalla perdida. O quizás los paladares más exquisitos prefieran esta cita de Miguel de Cervantes: “El retirarse no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza.” Por mi parte, me quedo con otra cita, más antigua, del griego Demóstenes: “Cuando una batalla está perdida, solo los que han huido pueden combatir en otra”, porque refleja mejor el tema que quiero detallar hoy: cortar pérdidas.

 

 

La vida empresarial es una guerra

Se lucha contra uno mismo, contra los competidores, contra las amenazas externas, todo para conquistar un máximo de clientes. Como en cualquier guerra, puede haber batallas más o menos decisivas, pero ni por una victoria se tiene asegurado el futuro, ni por una derrota uno está forzosamente condenado para siempre.

 

 

No perder de vista los objetivos a largo plazo

Todos cometemos errores. Puede que hayamos subestimado la competencia, sobreestimado el mercado, o que una crisis externa nos haya sorprendido en mitad de una inversión importante. A veces será culpa nuestra, otras veces serán cosas muy difíciles de predecir pero que sin embargo ocurrieron.

 

Lo importante es darse cuenta rápido de nuestra situación real. Puede que modificando nuestra estrategia todavía estemos a tiempo de cambiar la tendencia y ganar la batalla. También puede ocurrir que veamos que no hay posibilidad de vencer. En este caso, no tiene sentido insistir y gastar más recursos en una lucha que será en vano. Es mucho mejor retirarse, aceptar la perdida y prepararse para la siguiente batalla.

 

 

No somos racionales

Al ser humano le cuesta mucho aceptar que ha perdido, y en muchas ocasiones está tentado por la posibilidad del doble o nada: quizás apostando más puede que en el futuro la tendencia se invierta. Este proceso mental tan solo provoca más pérdidas. Es algo por desgracia muy habitual.

 

Pasa con empresas en tiempo de crisis que se resisten a hacer cambios drásticos y acaban quebrando. Ocurre con los bancos y las cajas de ahorros, que refinancian unas deudas para no reconocer que son incobrables. También pasa con inversores en bolsa que mantienen en cartera un valor que se desploma, con la esperanza de que se recupere algún día. Ocurre con propietarios de casas sin hipoteca que podrían haber vendido sus pisos hace dos años por un 20% más que ahora, pero que no aceptaban vender por menos que en el pico de la burbuja inmobiliaria.

 

 

El ejemplo de la pérdida de la entrada de cine

Para demostrar que no somos racionales respecto a las pérdidas, pondré un ejemplo que leí hace algún tiempo. Imagínate que vas al cine y que una entrada cuesta 10€. En el momento de pagar, te das cuenta que te falta un billete de este mismo importe, que probablemente se te haya caído poco antes. Te molesta, pero igual compras la entrada.

 

Ahora cambiamos la situación. Ya has pagado por tu asiento para la película (y no te faltaba ningun billete). Te vas un momento a comprar palomitas y cuando pasas por el control, no encuentras tu entrada por más que la busques, porque probablemente se te haya caído. En este caso, que racionalmente es el mismo que el anterior (pérdida de 10€), la mayoría de las personas se negarían a volver a comprar una entrada.

 

Es totalmente irracional. No nos importa tanto haber perdido un billete de 10€, porque es algo genérico, pero si perdemos la entrada de cine que vale lo mismo, le damos un peso mucho mayor a la pérdida. Lo mismo pasa con nuestras inversiones: cuanto más nos involucramos emocionalmente, más nos cuesta aceptar cuando perdemos.

 

 

Que significa cortar pérdidas

Cortar pérdidas significa poner un límite y ser consecuente. El caso más fácil de explicar es en la bolsa. Si has comprado por 1.000€ de acciones de la compañía X y tienes como norma vender si pierdes más del 20%, entonces el día que tu cartera baje de 800€ venderás.

 

En una empresa es algo similar. Cuando estudias una inversión determinas la rentabilidad que piensas poder alcanzar. Pero también tienes que poner un límite bajo. Puede ser un total de pérdidas asumible para tu economía, un número de meses sin beneficios, un número mínimo de ventas, etc. No importa tanto que indicador vayas a usar sino que tengas uno y seas consecuente a la hora de tomar medidas.

 

Cuando tu negocio tiene que enfrentarse a una crisis profunda, a menudo no hay otro remedio que reducir plantilla. Si es algo necesario y tardas en hacerlo, estás poniendo en peligro el puesto de trabajo de todos los empleados y el tuyo propio. Más vale una retirada a tiempo, y poder volver a contratar esas personas en el futuro. En el momento es un drama, pero si no lo haces cuando todavía tienes margen de maniobra es mucho peor.

 

Incluso puede que tengas que cerrar completamente un negocio. En este caso, no cabe duda que es mucho mejor hacerlo con tiempo, pagando a todos los empleados, a los proveedores, y quedándote sin deudas. Porque si huyes de la batalla perdida, podrás combatir en otras. La mayoría de los empresarios exitosos más famosos han conocido grandes fracasos. Pero sobrevivieron. Si te empeñas en luchar cuando ya solo puedes fracasar, pierdes mucho más que una batalla: la posibilidad de volver a intentarlo de otra forma.

 

 

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