La famosa cita de Saint Exupéry
“Prohíbo a los mercaderes que alaben demasiado sus mercancías. Porque rápidamente se hacen pedagogos y te enseñan como fin lo que en esencia no es más que un medio, y engañándote así sobre el camino a seguir, pronto te degradan, pues si su música es vulgar, te fabrican para vendértela un alma vulgar. Ahora bien, si es bueno que los objetos estén hechos para servir a los hombres, sería monstruoso que los hombres existieran para servir de basuras a los objetos.”
El autor nunca terminó el libro, que se publicó igualmente unos años después de la desaparición del aviador durante una misión de reconocimiento en el Mediterráneo en Julio de 1944. De tal forma que no se ha podido tener la interpretación del autor. Pero no hace falta, porque la idea está expresada de una manera muy clara.
¿Servimos de basura a los objetos?
Uno de los grandes debates alrededor del marketing suele ser de si es una herramienta que sirve para responder a las necesidades de los clientes, algunas de las cuáles el propio consumidor no conoce hasta que el marketing se la revela, o sí, al contrario, se trata de una herramienta para influenciar y crear necesidades en la mente de los consumidores.
Los seres humanos han vivido miles de años sin disponer de un teléfono móvil o de las redes sociales, y sin embargo, siempre han tenido la necesidad de comunicarse y relacionarse. Así que se puede argumentar que un servicio como una red social realmente responde a una necesidad fundamental del ser humano.
Pero, al mismo tiempo, ¿Qué hay de esa necesidad de querer publicar frecuentemente fotos y vídeos de postureo en un grado más o menos exagerado? ¿Realmente necesitamos tanto demostrar a los demás que nuestras vidas son maravillosas y presumir de cualquier cosa? ¿O más bien es una trampa psicológica y un efecto perverso asociado con la herramienta?
En mi opinión, está bastante claro que solemos consumir más de lo que necesitamos. Compramos gadgets y dispositivos que luego apenas usamos. Cambiamos por la versión más moderna de un producto mucho antes de lo necesario. En algunos aspectos, sí que parece que el propósito se ha invertido. En lugar de tener objetos para que nos sean útiles, nosotros nos hemos convertido en los elementos útiles para que los “mercantes” puedan colocar sus productos.
Seguimos siendo libres
Ahora bien, todo eso es una decisión. Nadie nos obliga a comprar, aunque es cierto que puede haber una cultura y cierta presión social hacia el consumo. Pero tenemos la última palabra. Decidimos qué comprar y cuando. Por lo que usar la palabra “monstruoso” como hace el narrador en el libro de Saint Exupéry, quizás sea demasiado fuerte.
¿Qué opinas tú?
¿Crees que nos hemos convertido en unos cubos de basura para objetos que no necesitamos pero que sin embargo compramos porque los mercantes son demasiado convincentes? ¿O realmente solo intentan responder a nuestras necesidades de la mejor forma que pueden?
Graduado de ESSEC en Administración de Empresas, soy un profesional con más de 25 años de experiencia en finanzas empresariales. Tras trabajar una década en varias multinacionales, llevo desde 2010 asesorando a emprendedores en mi consultora. Tengo dos áreas principales de conocimiento. Soy experto en el tema emprendedor, y hablo en particular de ideas de negocio, plan de empresa y gestión. Además, me he ido formando a lo largo de los años sobre SEO, marketing digital y negocios online en general.
