El caballero disponía de soldados, armas modernas, y de una torre de asedio, una ventaja que sabía decisiva para la batalla. Una mañana, decidió echar un último vistazo al castillo que pretendía conquistar. La bandera azul y blanca del enemigo ondeaba en el viento.
Revisó la situación. La fortaleza parecía poco defendida. Había un muro con un punto ciego por donde el enemigo no les vería acercarse. Bastaría por colocar la torre de asedio, y el factor sorpresa, el mejor equipamiento y la ventaja numérica le darían la ventaja. Después usaría los recursos de aquel castillo para ampliar su ejército y conquistar el siguiente.
Todo parecía favorable, pero de repente el caballero tuvo una duda. ¿Y si el enemigo les veía venir? Si disponía sus arqueros y disparaba a los hombres colocados arriba de la torre, quizás los escudos no fueran suficientes. Volvió a su campamento y decidió aplazar el ataque.
Durante los días siguientes, busco soluciones para este problema, y determinó que era mejor construir un techo protector para la torre. Los obreros se pusieron manos a la obra y a tras unas semanas, la torre estaba mejorada.
Los soldados pensaron que iba a ser el día para atacar, pero el caballero desconfió del clima. Veía posibilidades de lluvias y prefiero esperar a que mejorara el tiempo, para salir en las mejores condiciones.
Cuando el tiempo mejoró, el caballero se dio cuenta que su enemigo podría tirarle flechas de fuego a la torre, que era de madera. Invirtió otro tiempo para mejorar el recubrimiento de la torre, de tal forma que fuera ignifuga, y dispuso tanques de agua en el tejado para poder apagar rápidamente cualquier incendio.
Las mejoras aportadas añadieron mucho peso a la torre, por lo que su velocidad de desplazamiento se ralentizó. El caballero dedicó otras semanas para encontrar soluciones para aumentar la velocidad, y la encontró con el uso de bestias de carga protegidas por un tejadillo.
Finalmente, el caballero miró su ejército, sus armas, su torre de asedio, y vio que todo estaba perfecto. El clima también parecía propicio. El día siguiente, de buena mañana, se acercó nuevamente al castillo, para revisarlo una última vez antes de lanzar sus fuerzas en la batalla.
Pero ya no ondeaba una bandera azul y blanca, sino una roja y amarilla. El castillo ya no estaba poco defendido: unos soldados muy bien armados y con unos estandartes desconocidos cubrían las torres y los muros. Ya no había punto ciego. Conquistar el castillo parecía ya imposible.
El caballero estaba muy decepcionado. El conquistador de la bandera roja y amarilla había seguido su mismo plan. Qué mala suerte. Por unos pocos meses podría haber estado en su lugar, se lamentaba.
Moraleja
Si quieres tener un producto perfecto, si no te quieres arriesgar, lo más probable es que cuando te decidas a actuar llegues tarde, y alguien te habrá comido la tostada. El caballero debería haber aceptado ciertos riesgos. A cambio no quiso admitir la posibilidad de sufrir una derrota o ciertas pérdidas, y aplazó la acción hasta que fue demasiado tarde. Y sin embargo su plan no era malo.
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Graduado de ESSEC en Administración de Empresas, soy un profesional con más de 25 años de experiencia en finanzas empresariales. Tras trabajar una década en varias multinacionales, llevo desde 2010 asesorando a emprendedores en mi consultora. Tengo dos áreas principales de conocimiento. Soy experto en el tema emprendedor, y hablo en particular de ideas de negocio, plan de empresa y gestión. Además, me he ido formando a lo largo de los años sobre SEO, marketing digital y negocios online en general.
