Ley del emprendedor: nuestras recomendaciones

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Esos días nos han llegado por la prensa algunas indicaciones sobre las medidas que podría tomar el Gobierno para favorecer la creación de empresas en España. La semana pasada se hablaba de la posibilidad para los autónomos en pluriactividad de pagar solo la mitad de la cotización de autónomos, y ayer el enfoque se hacía sobre la protección de los emprendedores en caso de que fracasen.

 

 

Creo que es un buen momento para opinar sobre lo que ocurre en España y dar algunas recomendaciones sobre lo que se debería hacer para ser realmente eficiente con la ley del emprendedor.

 

 

1º- Dejar de dar ayudas, pero sobre todo dejar de poner trabas

 

 

Las ayudas a los emprendedores están enfocadas casi exclusivamente a las personas en desempleo con derecho a prestación. Los demás no tienen derecho prácticamente a nada. Pero esa injusticia no es el fondo del problema. La realidad es que es muy caro y muy lento crear una empresa en España.

 

No tiene sentido tener que pagar 254€ al mes de cotización a la Seguridad Social cuando es posible que durante meses (incluso años) el negocio este perdiendo dinero. Tampoco tiene sentido poner cientos de normas en todos los ámbitos (licencias de todo tipo), cuando en la realidad muchas no se cumplen.

 

La solución: facilitar que crear una empresa sea prácticamente gratis (quitar gastos de registros, notarías, reducir el capital mínimo a 1€), y no cobrar la cotización a los autónomos durante los dos primeros años, simpre que no haya beneficios mayores a un cierto umbral. Al mismo tiempo, simplificar las normativas municipales sobre licencias de locales y aplicar las mismas reglas para todos (no puede ser que un negocio nuevo tenga que cumplir más que uno antiguo).

 

Es mejor dejar de ingresar durante unos meses algunos impuestos y permitir la creación de riqueza, que pagar ayudas a fondo perdido que en gran parte acaban sirviendo a pagar estos mismos impuestos.

 

 

2º- Facilitar el crédito a las empresas y limitar el crédito a las familias

 

 

Si alguna lección tenemos que sacar de esta crisis es que una economía basada en un consumo familiar financiado a crédito está condenada al fracaso. El crédito solo tiene sentido si sirve para generar productividad y riqueza. Y eso se hace prestando a aquellos que van a invertir el dinero en mejorar su capacidad de producción, especialmente las empresas.

 

En este país, a veces las cosas funcionan al revés. Existen deducciones fiscales en el IRPF para las personas que compran su casa a crédito, pero no existe tal deducción si se paga la casa con los ahorros. Es decir que la filosofía es favorecer con dinero público el endeudamiento no productivo. La vivienda no genera riqueza. Cuando sube de precio más que el IPC casi siempre es por especulación y acaba cayendo.

 

Lo que hace falta es favorecer el crédito para proyectos empresariales, y poner unas normas estrictas para el crédito al consumo e incluso el crédito hipotecario, y desde luego, quitar cualquier deducción fiscal que favorezca el endeudamiento familiar.

 

 

3º- Tener derecho a fracasar

 

El aspecto positivo del último anuncio del Gobierno sobre la imposibilidad de embargar totalmente los bienes de los autónomos que hayan quebrado es que empieza a orientar el debate hacia el derecho al fracaso.

 

Eso es muy importante. Emprender es arriesgar, y por lo tanto muchas veces no salen las cosas. Pero el fracaso, aunque no sea algo deseable, es una fuente de aprendizaje muy grande. Las personas que hayan sufrido un revés en general también han aprendido una lección y por lo tanto serían mejores emprendedores en un nuevo proyecto.

 

Si nuestra sociedad condena a los que no lo consiguen en el primer intento, poco podemos esperar. Entonces es normal que las personas prefieran ser empleados o funcionarios. Hay que cambiar las mentes y demostrar que fracasar no es malo. Hace parte de la vida, y lo importante es superarlo.

 

 

4º- Potenciar Hacienda

 

Finalmente, no se puede olvidar un aspecto fundamental: el control. En España solemos tener leyes estrictas porque tenemos muchas personas poco cumplidoras de la ley, y ambos fenómenos se retroalimentan. En gran medida, lo que propongo es simplificar las normas, pero esto implica también potenciar el control.

 

Hoy en día, las exigencias son tan altas que pocos las pueden cumplir, pero los que no cumplan tampoco se arriesgan mucho porque a menudo falta control. Opino que hay que invertir el proceso. Darle muchos más medios a Hacienda para perseguir todo tipo de fraudes (empresariales y particulares), a cambio de simplificar procesos.

 

Vamos a poner las cosas fáciles a los emprendedores, pero también vamos a castigar duramente a aquellos que quieran aprovecharse de estas facilidades en beneficio propio y en contra del interés general.

 

 

 

¿Y tú? ¿Qué harías?

 

 

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