Las Tres Leyes de la Robótica aplicadas a las empresas

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A los lectores del blog que nunca han disfrutado de las obras de Isaac Asimov les recomiendo particularmente el Ciclo de Fundación y la Serie de los Robots. En esa última se enuncian varias veces las Leyes de la Robótica, cuyo propósito es proteger a los seres humanos. Hoy me ha parecido divertido analizar si se podían aplicar a los negocios, y de que forma. Un artículo muy en la línea de otras exploraciones curiosas del blog, como los consejos de gestión aprendidos viendo Bola de Dragón.

Las tres leyes de la robótica

En primer lugar es interesante saber cuales son esas normas a las que me refiero. Aunque no seas un fan de ciencia ficción, es muy posible que ya hayas escuchado hablar de ellas, pero te las repito por si acaso.

  • Primera Ley: 

Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

  • Segunda Ley:

Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.

  • Tercera Ley:

Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

 ¿Se pueden transponer a los negocios?

Hacer el ejercicio de transponer las leyes imaginadas por Asimov implica decidir en primer lugar quienes serían los robots y quienes los seres humanos. A mí se me ocurre que las dos entidades que podríamos sustituir podrían ser las empresas y los clientes.

Primera versión

Los robots fueron creados para ayudar a los seres humanos, y se supone que las empresas se crean para satisfacer a sus clientes, por lo que podríamos hacer las equivalencias:

Empresa = Robot ; Cliente = Ser Humano.

De está forma, las tres leyes, con una mínima modificación, se podrían enunciar así:

  • Primera Ley:

Una empresa no puede dejar de satisfacer a un cliente o, por inacción, permitir que un cliente salga insatisfecho.

  • Segunda Ley:

Una empresa debe tomar en cuenta las sugerencias emitidas por los clientes, excepto si estas sugerencias entrasen en conflicto con la Primera Ley.

  • Tercera Ley:

Una empresa debe preocuparse por su rentabilidad en la medida en que esta preocupación no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Es una versión un poco adaptada, pero pensándolo no me parece tan forzada.

¿Qué opinas? Algo de razón parece de haber en eso, ¿no crees?

Segunda versión

Pero, ¿qué pasaría si invertimos los papeles? ¿Por qué no imaginar que el propósito de un cliente sea que funcionen las empresas? En este caso haríamos las equivalencias:

Cliente = Robot ; Empresa = Ser humano

En esta adaptación nos encontraríamos con un cuento muy diferente.

  • Primera Ley:

Un cliente no puede dañar a una empresa o, por dejar de comprarle, permitir que una empresa salga perjudicada.

  • Segunda Ley:

Un cliente tiene que obedecer las campañas de marketing de las empresas, excepto si estas campañas entrasen en conflicto con la Primera Ley.

  • Tercera Ley:

Un cliente debe proteger su propia economía en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Da mucho miedo, ¿verdad? Parece un mundo totalitario donde el individuo está totalmente aplastado por las empresas. Quizás lo más miedoso sea entender que a veces la Segunda Ley que acabo de redactar no está tan lejos de la realidad.

¿Para qué todo eso?

Simplemente para hacerte reflexionar un poco sobre lo que piensas que es el propósito de una empresa. Los negocios se crean para ganar dinero, pero solo pueden hacerlo si cumplen su misión: satisfacer las necesidades de sus clientes.

¿Cómo imaginas tú que se podrían establecer las Leyes de los negocios?

 

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