Hundimiento del Titanic: los pequeños detalles hacen la diferencia

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Se habla mucho estos días de uno de los dramas más famosos de la historia: el hundimiento del Titanic. Los grandes fracasos son excelentes fuentes de inspiración para los emprendedores. La lección de hoy es que los pequeños detalles hacen la diferencia, para lo bueno y para lo malo. El 15 de abril hará 100 años que se hundió el barco.

 

 

Gran éxito empresarial o fiasco, de uno a otro en unos instantes

 

En su época, el Titanic era un barco de pasajeros enorme, rápido, y en teoría, muy seguro. Era el mejor producto en su sector, y se esperaba que hiciera una travesía del Atlántico en un tiempo record. En teoría, lo tenía todo para ser un gran éxito comercial y empresarial, pero una serie de malas decisiones lo convirtieron en el símbolo del fracaso y de la tragedia.

 

 

Error nº1: las prisas

 

Se admite generalmente que el Titanic estaba navegando a una velocidad demasiado rápida, teniendo en cuenta el peligro de los icebergs en la zona. Estas prisas venían motivadas por la voluntad de la compañía de establecer un record de velocidad, e impresionar al mundo. Pero la excesiva velocidad hizo mucho más difícil evitar el enorme bloque de hielo que se encontró en el camino del barco.

 

Cualquier empresario se encuentra a menudo con este deseo de querer ir más rápido. Es cierto que es malo pecar de conservadurismo, y que no hay que esperar a tener algo perfecto para enfrentarse al mercado, pero el exceso inverso también es un grave peligro. Rapidez y eficacia, sí. Prisas, no.

 

 

Error nº2: minimizar los riesgos

 

Si el hundimiento del Titanic se hubiese saldado con unas pocas víctimas, probablemente no estaría hablando hoy de eso, ni se habrían rodado cantidad de películas y documentales. Pero en el drama murieron más de 1.500 personas. Una de las mayores causas de tantas muertes fue que en el barco había botes salvavidas solo para la mitad de los pasajeros. Dice la historia que fue una decisión de la compañía, porque tantos botes no se veían bien en un barco de este tipo.

 

Esto es claramente un ejemplo de una mala anticipación de riesgos. Los responsables del proyecto directamente negaron la posibilidad de que todos los pasajeros y miembros de la tripulación necesitaran salir rápidamente del barco en caso de emergencia.

 

Los casos de riesgos minimizados en la vida empresarial son numerosos. Por ejemplo, es frecuente que las compañías firmen contratos con obligaciones que no piensan tener que asumir nunca, en un desarrollo normal de acontecimientos. Luego las cosas no salen como lo planeado (como en esta crisis), y estas obligaciones se convierten en pesadillas.

 

 

Error nº3: los ahorros letales

 

En un documento que vi recientemente, se explicaba como el punto flaco del casco del Titanic eran los ribetes que se usaron para fijar las placas de acero. Al parecer contenían unas impurezas que les hacían más débiles a cierto tipo de choque. Pero se dañaron más rápido de lo normal porque la compañía que construyó el barco decidió no comprar la máxima calidad para estos elementos, sino una calidad buena pero algo inferior. No se habría salvado el barco por este único detalle, pero quizás muchos de los pasajeros que fallecieron hubiesen tenido mejores posibilidades de sobrevivir.

 

Los ahorros letales son frecuentes en la vida del emprendedor. A menudo cuesta saber donde se puede gastar menos y donde es mejor pagar un poco más. Quizás los seguros sean un buen ejemplo. Para cierto tipo de negocio, ahorrar en el seguro no merece la pena, por ahorrar unos pocos euros te puedes exponer a grandes peligros. También vale para la calidad de los productos comprados a proveedores, dependiendo de si son estratégicos o no.

 

 

Error nº4: el empleado saturado

 

Parece que precisamente este día, la radio del Titanic se estropeó, y cuando después de muchas horas volvió a funcionar, el operador en el puesto tenía muchos mensajes atrasados que transmitir. Por eso, cuando otro barco que navegaba en la zona avisó del peligro de los icebergs, el hombre, estresado, mandó a callar a su interlocutor. Más tarde precisamente este barco no contestó a las llamadas de auxilio. Su operador apagó la radio y se fue a dormir. Según algunos analistas, la decisión de apagar la radio vino como reacción al mal genio del operador del Titanic.

 

Este barco estaba muy cerca, pero el intercambio de señales luminosas con el gigante transatlántico fue infructuoso por ambas partes, por lo que el tener la radio apagada fue clave en la muerte de miles de pasajeros.

 

En una empresa, los empleados son el capital más valioso. Es fundamental que se sientan a gusto trabajando. Un empleado saturado o demasiado estresado puede tener una mala reacción con consecuencias imprevisibles: errores, cliente maltratado, etc.

 

 

Error nº5: la mala comunicación interna

 

Al menos dos errores de comunicación con consecuencias gravísimas pueden ser señalados en la tragedia del Titanic. En primer lugar, al parecer se recibió el aviso de la proximidad de iceberg en la zona, pero la información nunca fue llevaba a la cubierta de mando. De haber llegado el dato, es probable que el comandante hubiese decidido reducir la velocidad, evitando quizás la tragedia.

 

El segundo error fue después de la colisión, cuando el barco ya empezaba a hundirse. Uno de los oficiales le pidió al capitán si había que empezar a embarcar a los pasajeros en los botes salvavidas. La respuesta fue positiva, con la orden de poner a las mujeres y a los niños primeros. Sin embargo el oficial entendió que solo ponían subir las mujeres y los niños, y prohibió a muchos hombres que se subieran. La consecuencia fue que gran parte de los botes se fueran medio vacíos. Solo había embarcaciones salvavidas para la mitad de los pasajeros, por lo que solo se salvaron una cuarta parte de los viajeros.

 

No hace falta explicar lo que puede causar una mala comunicación interna en una empresa. La información tiene que circular clara y rápidamente en ambos sentidos, o la compañía se expone a graves consecuencias.

 

 

Error nº6: la falta de liderazgo

 

Que los botes salvavidas se fueron medio vacíos no tiene únicamente que ver con una mala comunicación entre los oficiales. Muchos de los viajeros al principio no querían montarse porque no se creían el hundimiento del Titanic. Sin embargo, la responsabilidad final en este aspecto es del capitán del barco. Debió estar controlando la evacuación, y no permitir que se fueran los botes incompletos. Sin embargo, en estos momentos estaba sobrecogido por los eventos. Se daba cuenta de la catástrofe y se encontraba incapaz de reaccionar.

 

Ser un líder es tomar decisiones, incluso en los momentos más dramáticos, o mejor dicho, especialmente cuando las cosas van mal. Es normal que el resto de personas se encuentren desamparadas si los eventos se tuercen, pero el jefe no se puede permitir este lujo. Si tomas decisiones, controlas, y actúas respondiendo a las adversidades, puedes hacer la diferencia entre un susto, un fracaso y una catástrofe.

 

 

 

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