Empieza pequeño y piensa en grande

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Como complemento al artículo donde te detallaba la estrategia del ensayo y error, me gustaría hablarte hoy de la importancia de empezar pequeño cuando inicies tu proyecto empresarial, pero sin olvidar nunca que pensar (o más bien soñar) a lo grande es lo que te hará triunfar. Pueden parecer dos términos contradictorios pero no lo son en absoluto.

Los soñadores empedernidos

Dentro de las muchas personas que me contactan con ideas de negocio buscando financiación, hay una categoría que se presenta de vez en cuando con proyectos multimillonarios y sin un euro en el bolsillo. Piensan que han encontrado la idea del siglo y sueñan con convencer inversores para convertir su proyecto en realidad.

De alguna manera, su valoración excesiva de la idea de negocio les aísla totalmente de la realidad del mundo empresarial. No se dan cuenta que lo que están diciendo es “Préstame un montón de dinero para un proyecto genial que tengo. Si funciona recuperas el dinero con una buena rentabilidad y yo me hago rico. Si falla pierdes tu dinero y yo sigo como estaba”.

Esos soñadores empedernidos no son muy numerosos, pero representan un extremo ilustrativo de uno de los errores más habituales en los emprendedores.

El inversor necesita garantías

Incluso los emprendedores más realistas tienden a sobrevalorar su idea de negocio, y en cierta manera es lógico, sino no apostarían tanto tiempo y dinero por ella. Pero también saben que lo que pueden pedir a un inversor basado únicamente en una idea y un plan de empresa es muy limitado. Cualquier persona (profesional) que invierta en un negocio o que preste dinero quiere garantías. Puede aceptar apostar una pequeña cantidad por lanzar el proyecto, pero para dar más se mostrará más exigente.

  • En el caso de un banco, las garantías suelen ser muy concretas: un avalista, hipotecar un activo, o cualquier otra solución que permita a la entidad recuperar al menos parte del dinero prestado si las cosas salen mal.
  • Para un inversor, las garantías toman otra forma: quiere ver que el negocio funciona. Si eres capaz de demostrarle que tu modelo de negocio tiene resultados demostrados, entonces es mucho más factible que el inversor te apoye. Quiere algo concreto, algo en marcha.

La solución es empezar pequeño

Si dispones de poco dinero, estás en la misma situación que millones de proyectos en el mundo. La cuestión es qué haces con lo poco que tienes. Puedes pensar que no tienes suficiente para hacer nada o puedes volver a pensar tu proyecto para implementar sus aspectos más esenciales.

¿Quieres ejemplos?

  • En lugar de acondicionar y alquilar un local puedes probar tu concepto en algún sitio tipo showroom o tiendas pop up.
  • En lugar de montar una web con decenas de funcionalidades haces una versión 1.0 con las dos o tres cosas más relevantes.
  • En lugar de comprar material lo alquilas por una temporada.
  • Etc.

Si empiezas pequeño, tienes tres posibilidades:

  1. El concepto no funciona para nada. Entonces te puedes alegrar de no haber empezado a lo grande y limitar el desastre.
  2. El concepto está mal planteado pero tiene potencial. Entonces de nuevo te alegras de no haberlo lanzado tal cual a lo grande, porque puedes hacer los ajustes y corregir sin invertir demasiado.
  3. El concepto funciona. Entonces tienes resultados tangibles para demostrar a inversores que merece la pena meter dinero para ampliar el proyecto.

Ten en cuenta que eso también es válido si tienes los recursos suficientes para lanzarte a lo grande desde el principio. Mejor empezar pequeño y no quemar tus ahorros en una sola apuesta.

Aunque empieces pequeño, tienes que soñar en grande

Emprender es arriesgar. El riesgo cero no existe. Empezar en pequeña escala aumenta tus oportunidades de éxito porque te permite corregir el primer proyecto o cambiar totalmente de rumbo si te has equivocado. Pero para convertir tu sueño en un negocio floreciente tienes que arriesgar.

Aunque haya funcionado a pequeña escala, nunca tienes una total garantía de que tu proyecto vaya a funcionar en grande. Puede que el mercado objetivo sea demasiado pequeño para hacerlo viable a gran escala. Puede que el cambio de escala suponga unos cambios de resultados. Puede que sea otra cosa.

Piensa en las empresas de gran consumo. Idean miles de nuevos productos cada año, e incluso dentro de los pocos que superan la prueba de las muestras de consumidores hay una gran proporción que se convierten en fracasos comerciales.

Pero tienes que pensar en grande. Tienes que arriesgarte y apostar fuerte por tu proyecto, sea cual sea tu objetivo final. Quizás busques alcanzar un volumen importante, quizás tu sueño sea más cualitativo (como ser la referencia de tu sector). En el fondo eso no importa. Lo que cuenta es que no traiciones tus sueños y seas persistente hasta lograrlo.

 

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