El valor de las ideas de negocios y el éxito de la empresa

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Si las ideas tienen un valor, ¿cuál es?

Una empresa con éxito suele salir de las buenas ideas de negocio. En mi actividad profesional me encuentro muchas veces con personas que temen compartir su idea, porque están convencidos de que han encontrado un concepto maravilloso, y que si hablan de ello, otra persona les robará la ocurrencia y se pondrá inmediatamente a desarrollar su propio negocio y a crear valor desde la competencia.

 

 

El emprendedor no es objetivo con su idea

Es normal que un emprendedor idealice su proyecto de negocio, porque parte del éxito viene del convencimiento de que se puede lograr. La perseverancia y el valor para continuar suelen ser consecuencia de esta fe en la idea, que no puede ser completamente objetiva. Pero el temor a que se la roben suele ser más una paranoia que un riesgo real.

 

Una de dos: o tu idea es muy original, atrevida y específica: entonces, para cualquier inversor supone un alto riesgo, y es muy improbable que nadie se atreva a valorar copiar la idea y lanzarla por su cuenta. Y si la idea es más común, con 45 millones de cabezas pensantes en España y más de 7.000 millones en el mundo, lo más probable es que otras personas hayan pensado en lo mismo.

 

 

Las ideas por si solas no tiene mucho valor

En realidad, lo que hace muy improbable que nadie robe una idea de negocio que todavía no se ha puesto en marcha es que por si sola no vale casi nada. Resumiendo, lo que realmente cuenta no es el “¿qué?” sino el “¿cómo?”. El verdadero riesgo de que alguien quiera imitar tu idea es cuando ya has demostrado que funciona. Y esto tiene un nombre: se llama competencia.

 

Incluso en los pocos casos de innovación revolucionaria aparecerá la competencia, y si el concepto tiene mucho éxito, será enseguida. Si nuestros competidores lo hacen mejor, aportando más valor añadido al cliente, entonces la empresa innovadora perderá rápidamente cuota de mercado. Ser el primero en el mercado es una ventaja temporal. A la larga solo la calidad del producto y del servicio permitirá mantenerse.

 

 

El ejemplo de Facebook

Cada vez que hablo del valor de una idea de negocio me gusta hablar de Facebook. El caso es que cuando Zuckerberg diseño su red social, ya había una gran cantidad de servicios similares en activo. La diferencia es que el joven estudiante de Harvard aprovechó su gran ventaja: estar en una de las universidades más prestigiosas del mundo. Vio que otros compañeros estaban elaborando una página de este tipo y decidió montar la suya, pero a marcha forzada.

 

Apenas la tuvo lista valoró la importancia de conseguir usuarios, y su estrategia inicial fue convencer a las élites para que el resto siguiera. Dentro de Harvard, mandó una invitación a los miembros de la asociación (fraternidad) más respetada. Muchos se apuntaron, y como eran líderes de opinión, el resto de los estudiantes les imitaron. De allí abrió la página a otras universidades de la Costa Este, antes de tener el valor de arriesgarse a salir de su área y de incluir a entidades prestigiosas de la Costa Oeste, empezando por Stanford.

 

La página, que seguía reservada a los estudiantes, inició entonces su internacionalización, incluyendo a las instituciones más reconocidas en cada país. Luego se generalizó a todas las universidades, y finalmente se abrió a todo el público.

 

Es decir que Zuckerberg usó una estrategia de conquista del mercado desde arriba hacia abajo: empezó por los estudiantes más admirados de la universidad más prestigiosa de la mayor economía del mundo para finalmente llegar hasta las personas más humildes de los lugares más remotos del mundo. Esta estrategia sin duda es solo parte del motivo del éxito. Diseñar un producto de calidad ha sido otro aspecto fundamental.

 

Si hablo de todo esto es para insistir en que por si misma, la idea de crear una red social no tenía ningun valor. Ya había muchas en funcionamiento. ¿Por qué las otras no tuvieron el éxito de Facebook? Eso es lo importante: entender que Zuckerberg llegó a convencer cientos de millones de usuarios por que hizo las cosas mejor que los demás, no porque tuvo la idea de hacer una red social.

 

 

Las personas hacen la diferencia

Para conseguir que una buena idea de negocio se convierta en una empresa exitosa, acabo de explicar que hace falta acertar a contestar a la pregunta del “¿cómo?” Eso solo se puede hacer de una forma: con un buen equipo.

 

Las buenas ideas las puede tener cualquiera, pero las miles de pequeñas ocurrencias que permiten diseñar la implementación del concepto nacen de la mente de las personas adecuadas. Y no hablo de tener estudios o no, sino las habilidades, los conocimientos o el valor necesarios para enfrentarse al mercado. Si te vas a meter en el negocio de las mascotas, asóciate con alguien que domina este sector, eso es precisamente una de las ideas que nos contó hace unos meses Javier Osa, uno de los fundadores de Kiwoko.

 

Si tu concepto de negocio implica una gran labor comercial y tu no tienes lo que llaman “don de gentes”, entonces busca a una persona que sabrá hacerlo mejor que tu. En el día a día, que es lo que cuenta, las personas son las que hacen la diferencia.

 

 

También hay ideas malas

Si para que una buena idea pueda tener un gran éxito hacen falta una buena estrategia y un gran equipo, lo cierto es que también hay ideas malas. Hablé antes del número de personas que viven en este planeta, y que posiblemente, por muy original que sean nuestras ideas, a alguien se le habrán ocurrido antes. Si aceptamos esta premisa, y sin embargo el concepto de negocio no se ha convertido en una empresa exitosa que crea valor, entonces o se trata de una mala implementación, o la idea era mala.

 

 

¿Cómo saber si la idea es buena o mala?

Analizarla con un plan de negocio es un buen comienzo. En muchos casos, este paso permite darse cuenta de los fallos más evidentes. Por ejemplo podemos llegar a la conclusión de que no hay mercado suficiente para rentabilizar una empresa basada en esta idea de negocio. Por lo tanto no crearíamos valor, y la idea es mala. O quizás pese a tener mercado, los costes sean demasiado elevados y nunca podríamos ofrecer un precio competitivo.

 

Pero el plan de empresa, aunque sea de mucha ayuda, nunca va a poder garantizar el éxito de las ideas. Además, en casos de conceptos muy rompedores, los estudios llegan hasta cierto límite. Estoy convencido de que en Apple valoraron grandes investigaciones sobre el iPad, pero nadie podía asegurar que tuviera éxito, y vaya si lo tuvo. Las grandes multinacionales, empresas que dedican enormes cantidades de dinero al desarrollo de productos y a estudios de mercado, tienen que aguantar cada año el fracaso de 9 de 10 nuevos productos que lanzan al mercado.

 

Al final, el consumidor tiene la última palabra. Puede que tengamos un gran producto, una magnifica estrategia y estudios que apoyan nuestro proyecto, pero si el cliente no está convencido y no compra, o admitimos el fracaso o tenemos que valorar rediseñar las cosas. Las ideas buenas son las que venden, no las que gana premios o asombran por su originalidad. Si quieres saber si tu idea era buena o mala, tendrás que tirarte a la piscina.

 

Así que ya sabes: ¡Valor, y al toro!

 

 

 

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Tags: valor de las ideas, negocios, empresas, emprender, crear empresa

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