Comprar en China, o como tirar piedras a su propio tejado

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Quizás ya sea demasiado tarde para que tanto empresarios como consumidores nos demos cuenta que comprar en China está destrozando nuestro tejido industrial. Nuestra propia codicia o búsqueda de la competitividad nos está llevando al abismo.

 

 

Made in China

 

A esas alturas, sería muy difícil para cualquier consumidor optar por no comprar ningún producto fabricado en China, sobre todo los artículos de las grandes multinacionales. Esto implicaría quedarse sin iPad o sin parte del coche. Hoy en día, China se ha convertido en la gran fábrica del mundo.

 

 

¿Quién se beneficia?

 

A corto plazo, parece que tanto los consumidores occidentales como sus multinacionales se beneficiaban de los bajos costes de producción del gigante asiático. Sin embargo, ahora que el fenómeno está ya consolidado, el gran ganador es China como país y como economía. Dentro de unos 6 años, se convertirá en la primera potencia económica del mundo, superando a Estados Unidos.

 

 

¿Cómo se suponía que iba a funcionar?

 

En teoría, el libre mercado internacional es un elemento positivo. Permite a los países más pobres aprovechar su mano de obra más barata para vender a los países más avanzados. Estos últimos abandonan las industrias con menos valor añadido y se centran en actividades de mayor nivel tecnológico.

 

Los consumidores están contentos porque pueden acceder a productos bastante más baratos. Las grandes empresas también se benefician porque pueden deslocalizar sus actividades a países con mano de obra más barata. Las Pymes de algunos sectores lo pasan muy mal, y es necesaria una reconversión industrial, como dijimos antes, hacia industrias más tecnológicas.

 

 

¿Qué ha pasado en realidad?

 

La primera parte del plan se ha cumplido perfectamente. Las industrias han deslocalizado, los consumidores occidentales han podido comprar en china productos muy baratos y los países más pobres han iniciado un espectacular desarrollo económico.

 

Pero en muchos países, y especialmente en España, nos hemos olvidado del trabajo que implicaba este proceso. En lugar de dedicar esfuerzos a invertir en industrias tecnológicas, hemos centrado la mayor parte de la economía en dos sectores de muy poco valor añadido: el turismo y la construcción. Hay excepciones notables, como empresas como Talgo o la participación a programas europeos tipo Airbus, pero en norma general, la economía española se ha quedado muy desindustrializada.

 

 

Otros países, como el Reino Unido, tampoco han creído mucho en la industria, y han levantado un sector financiero, que hoy en día todos sabemos que está basado en su mayor parte sobre viento. La crisis de los subprimes fue un aviso, pero como prácticamente nada se ha hecho para evitar la escalada especulativa de la economía virtual, ya tendremos otros sustos en el futuro.

 

Para resumir: nos hemos ido a lo fácil, cada país en mayor o menor medida. Pero un día los bancos descubrieron que la especulación virtual infinita era imposible, y en España descubrimos que quizás vender en un 1 año más casas que en Alemania, Francia e Italia juntas era excesivo.

 

 

China ya es una superpotencia

 

Si en lugar de producir y comprar en un país tan poblado como China las empresas hubiesen repartido sus inversiones en multitud de países intermedios (cosa que se hizo parcialmente), ahora tendríamos varios interlocutores económicos de menor tamaño. En Europa, sabemos muy bien (por nuestros propios fracasos para entendernos) que varios interlocutores hubieran sido mejor que uno.

 

Pero la situación es la que es. Los dirigentes chinos han actuado de forma muy inteligente, siempre apostando por el largo plazo. Saben que el tiempo juega a su favor y no tienen prisa. Evitaron la principal amenaza de las deslocalizaciones obligando a que cualquier inversión en su país se hiciera con participación de empresas locales. De está forma, evitaron convertirse en un mero proveedor de mano de obra barata, e hicieron que la riqueza generada se quedase en el país.

 

Cada día que pasa, la tecnología china es más avanzada. Ya están haciendo lo que los países occidentales deberíamos haber hecho hace 20 años: crear industrias de mayor base tecnológica. Como tienen reservas de población de bajo coste para rato, en el futuro es probable que China siga siendo el mayor productor de productos de poco valor añadido al mismo tiempo que buscaremos comprar en China los artículos más tecnológicos.

 

 

Nuestros políticos todavía no lo han entendido

 

De momento, en España no se ve ningún cambio de modelo. Peor, los dos últimos gobiernos se han esforzado de reanimar el sector construcción (IVA superreducido, recuperación de la deducción por compra de vivienda), mientras se subvencionan los vuelos low cost para acoger más turistas extranjeros.

 

En mi opinión, son dos caminos sin salida. La construcción es un sector que podemos dar por muerto por muchos años, víctima de sus propios excesos. Y el turismo de masa no es una opción viable para España. Cuando se calmen las situaciones en los países árabes, volverá a ser muy complicado para España competir por precio con Túnez o Marruecos.

 

¿Qué podemos hacer?

 

 

Probablemente sea demasiado tarde, pero creo que deberíamos volver a poner aranceles a los productos chinos en las fronteras de Europa. Así quizás comprar en China se haga un poco más difícil. Y que no nos engañen nuestros políticos con inventos como el IVA social. No hay nada social en subir el IVA. La solución es mucho más fácil: volver a los aranceles. Si hace falta revisar acuerdos internacionales, se revisan.

 

No les gustará eso a las grandes multinacionales ni a los grupos de presión que las representan, pero no se dan cuenta sus ejecutivos que si no toman medidas, dentro de pocos años ellos mismos acabaran cediendo sus asientos a ejecutivos de las empresas asiáticas que les comprarán.

 

 

Tenemos que volver a comprar producto nacional, y creo que la única vía es aumentando los impuestos a las importaciones. No creo en la responsabilidad del consumidor. En una encuesta seguro que todos diríamos que preferimos comprar producto local aunque sea un poco más caro, pero en la vida real compramos lo barato.

 

 

Pero por supuesto, limitar la entrada de productos extracomunitarios no tiene sentido si no se hace el esfuerzo que deberíamos haber hecho hace 20 años: invertir en una industria más eficiente, más tecnológica y de mayor valor añadido. Algunos países del Norte de Europa lo han hecho muy bien. Tenemos que cambiar la mentalidad, y dejar de apostar tanto por el sol, y el turismo de masa, o por cubrir todo el país de urbanizaciones con golf.

 

 

 

Estamos en un momento perfecto para cambiar. La crisis es una oportunidad tremenda. Nuestra economía de poco valor añadido ha sido arrasada. En lugar de volver a crear otra idéntica (que seguirá siendo tan frágil), podemos sentar las bases de una economía más sostenible y de alto valor añadido. Está claro que implica un mayor esfuerzo, pero hay que pensar como los chinos: a largo plazo.

 

 

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